6 de septiembre de 2008

Domingo 7 de Septiembre: “Reunirse en nombre de Jesús”

por José Antonio Pagola.

La destrucción del templo de Jerusalén el año 70 provocó una profunda crisis en el pueblo judío. El templo era «la casa de Dios». Desde allí reinaba imponiendo su ley. Destruido el templo, ¿dónde podrían encontrarse ahora con su presencia salvadora?
Los rabinos reaccionaron buscando a Dios en las reuniones que hacían para estudiar la Ley. El célebre Rabbi Ananías, muerto hacia el año 135, lo afirmaba claramente: «Donde dos se reúnen para estudiar las palabras de la Ley, la presencia de Dios (la «Shekiná») está con ellos.
Los seguidores de Jesús provenientes del judaísmo reaccionaron de manera muy diferente. Mateo recuerda a sus lectores unas palabras que atribuye a Jesús y que son de gran importancia para mantener viva su presencia entre sus seguidores: «Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».
No es una reunión que se hace por costumbre, por disciplina o por sumisión a un precepto. La atmósfera de este encuentro es otra cosa. Son seguidores de Jesús que «se reúnen en su nombre», atraídos por él, animados por su espíritu. Jesús es la razón, la fuente, el aliento, la vida de ese encuentro. Allí se hace presente Jesús, el resucitado (...)

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1 comentario:

Viktor Gómez dijo...

Es difícil saber cómo, pero hay que renovar los sacramentos, la simbología deberá adaptarse a los tiempos actuales porque da la sensación que no llega el mensaje, que ha perdido fuerza pedagogica. Ayer comentabamos un grupo de matrimonios con hijos en edad escolar un tema de estudio común para éste curso que empieza y apostamos por dos. Uno, Jesús, desde el texto de Pagola y desde otras propuestas que éste año circulan por las comunidades católicas. Y dos, la transmisión de la fé a nuestros hijos.

Lo cierto es que cuando vas a misa te gustaría notar, sentir, eclosionar de manera VIVA y ENTUSIASTA la eucaristía. Los cantos, las oraciones, las preces, el sermón, las lecturas, debieran compartirse con mayor energía, con mayor pasión, intensidad. No es bueno que los que celebramos misa rezemos con monotonía, cantemos apagadamente, respondamos susurrantes o con desgana. Ni que el cura oficie con tanta "profesionalidas" que sea su hacer un hacer rutinario y ritual sin alma, sin vivencia. Unos y otros tendríamos que cargarnos las pilas. Recordar que la misa dura desde el "podéis ir en paz" hasta el siguiente domingo, que la Misericordia fiel y el Ágape que el el Dios (ABBA) de Jesús, se vive y convive en la misa por lo que la comunidad entera participa de manera sobrecojedora, unida y esperanzada, alegre y valiente.

Si el rito es un descanso semanal, una rutina sin corazón, un cumplimiento (sacrificio), estamos lejos de poder salvar la extinción de las misas.

A mi lo que me sorprende es que en misa podamos dar lo mejor de sí y luego en la calle, en el propio barrio, sean invisibles los otros, o los veamos bajo la mirada utilitarista o de rechazo por ser diferentes a nosotros.

¿Realmente es Jesús, El Crucificado que es El Resucitado, quién tomamos en la celebración?

Si creemos eso, entonces, ¿Qué nos dificulta ser compasivos y alegres?

Y ¿cómo transmitir una fe, una espiritualidad, sin misericordia no alegría?

Un abrazote

Victor Gómez