13 de octubre de 2008

Católicas y Ciudadanas

Católicas por el Derecho a Decidir.
Valencia a 13 de octubre de 2008

Nosotras, Católicas por el Derecho a Decidir (CDD), ciudadanas y fieles creyentes en la Buena Nueva que nos legó Jesús de Nazaret, queremos expresar nuestro interés ante el anuncio realizado por la Ministra de Igualdad, Bibiana Aído, sobre la preparación de una “nueva ley del aborto”.

Lamentamos que la interrupción voluntaria del embarazo (IVE) continúe estando tipificada como un delito en el código penal vigente -si éste no cuenta con un dictamen favorable previo de un especialista en psiquiatría-, lo que refleja que la legislación actual no nos reconoce ni garantiza a las mujeres, el derecho a decidir sobre nuestro propio cuerpo, ni nuestra salud sexual y reproductiva.

Somos concientes de que un sector de la Iglesia Católica continúa difundiendo un mensaje de desprecio a la sexualidad, cuestionando el valor espiritual de la experiencia sexual. Disentimos de esa moral sexual difundida por la jerarquía. Consideramos la sexualidad un don de Dios para la comunicación entre personas, cuyo fin es expresar el amor. Compartimos con el doctor en teología, Anthony T Padovano, que la sexualidad no es sólo un medio de transmitir la vida, es fuente de vida en sí misma. El amor sexual tiene sentido propio, como fin en sí mismo, sin tener que referirlo a la procreación.

El desprecio por la sexualidad ha llevado a situaciones de extrema injusticia, condenando las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo, el uso de anticonceptivos artificiales, el preservativo como prevención del VIH/Sida, las técnicas de reproducción asistida –bancos de esperma y congelación de óvulos- y un largo etc. No se puede consentir que una fracción conservadora de la Iglesia Católica influya en la legislación que afecta a toda la ciudadanía, puesto que no se trata de una ley coercitiva.

Sobre la cuestión del aborto, queremos destacar que éste es un tema de discusión y opinión, en el cual existe disidencia teológica desde el S. XIII con Santo Tomás de Aquino, pasando por Tomás Sánchez –teólogo jesuita español en el S. XVII-, hasta nuestros días. Algun@s teólog@s admiten el aborto como una opción válida en determinadas circunstancias, o lo consideran como la menos mala de las alternativas. Para otr@s, la clave está en reconocer a las mujeres como sujetos morales con capacidad de discernir y tomar las decisiones que manen de su conciencia.

Como católicas, insistimos en la defensa de los derechos de las mujeres de todas las sociedades, creencias y clases sociales, en especial de las más débiles, a quienes se les impide tomar decisiones sobre su propio cuerpo, y su propio proyecto de vida. Nos solidarizamos con mujeres del Tercer Mundo donde se violan impunemente sus derechos humanos y sexuales. Muy especialmente, nos solidarizamos con las nicaragüenses, que actualmente sufren un retroceso histórico al haber sido derogado el derecho al aborto terapéutico, derecho que existía desde 1837.

Como católicas y ciudadanas, reclamamos una nueva ley que facilite todos los recursos necesarios a las mujeres que decidan, desde su LIBERTAD y su CONCIENCIA, interrumpir un embarazo no deseado, así como para apoyar a las que opten por la maternidad (garantizando a quien lo necesite la reproducción asistida, ampliación de los permisos de maternidad/paternidad, servicios públicos de guarderías, etc.).

Apoyamos una nueva ley que verdaderamente “incorpore lo más destacado del panorama internacional”, para que sea modélica y sirva de referencia a millones de mujeres que luchan por sus derechos sexuales y reproductivos en este mundo globalizado.

Consideramos urgente una nueva ley que promueva una educación sexual para la vida, que aporte información y conocimiento amplio de la sexualidad en todas sus dimensiones. La ausencia de educación sexual está en la base del aumento de embarazos no deseados, y por consiguiente del aumento de abortos.

Recordamos el mensaje de Jesús de Nazaret que nos invita a mantener la esperanza y la fe, por lo que mantenemos la esperanza y trabajamos en ella para un día lograr el reconocimiento pleno de los derechos humanos de las mujeres.


Católicas por el Derecho a Decidir.
Valencia a 13 de octubre de 2008.

PROGRAMA DE ACTIVIDADES
Valencia, 13-21 de octubre



1 comentario:

Viktor Gómez dijo...

Se tropieza con un muro. Queremos plantear un debate sobre la conveniencia o inconveniencia en cuestión de salud integral de la mujer y también del feto que será bebe, ya no desde la bioética sino desde una rígida doctrina ortodoxa que no tiene principios deliberativos sino dogmáticos. Y a mi me parece imposible el diálogo entre la Iglesia dogmática y anticientífica y la iglesia heterodoxa, que discierne con dialógica deliberativa atendiendo a el cómo y el porque, investigando causas y consecuencias, formulando tras los empíricos estudios y pruebas posibles teorías sobre la condición humana, sobre la psicología, fisiología y antropología de un problema como el aborto que se tiene que abordar como un prisma con más de una cara, con más de una ciencia o conocimiento a valorar.

Por supuesto, la mujer para el sector más conservador de la Iglesia no es merecedora de la confianza ni del derecho a poder ejercer ninguna decisión autonoma o colectiva importante. Ni en la estructura vaticana, ni en la élite teologal, ni tan siquiera en las formaciones sociales adscritas al catolicismo. Siempre hay varones por encima que tienen la última palabra, que supervisan, como un padre a su hijo menor. En tema sexual el tema es tristísimo. Incluso en tema laboral, parece que no es prioritario para una mujer en ningún caso anteponer vida profesional o labor social a lo maternal. Si un hombre renuncia a tener hijos para ser pintor o misionero o arquitecto está bien, pero no una mujer. Qué renuncie a ser madre es casi un pecado de soberbia, porque quiere medrar y no es humilde ni sierva. Hay muchos cristianos que no pensamos así. Pero quizá hacen más ruido y son más feroces defendiendo sus posturas los intransigentes, los fundamentalistas.

¿Qué hacer?.

Con buenas maneras,
con buenas palabras,
con buenas manos
trabajar por convivir
compartiendo responsabilidad
deberes y derechos,
abandonando actitudes
paternalistas o de superioridad
por cuestión de sexo.
Y en última instancia
que sea la conciencia
la que dialogue con Dios,
la que rinda cuentas a Dios,
la que por discernimiento
personal y no por imposición
escoja si seguir un embarazo
o abortar, si casarse o seguir
soltera, que sea en conciencia
cada mujer la que decida
cómo vivir su sexualidad
y su intimidad con su pareja,
sea ésta de su mismo sexo o de
otro, sin que eso sea motivo
de discriminación.
Una comunidad cristiana,
en nombre de Jesús de Nazaret,
en nombre del Espíritu Santo,
¿puede repudir a la adultera
a la que aborta, a la que ama
a otra mujer, a la que no quiere
tener hijos sin más?

Debemos practicar la correción
fraterna, pero no la censura
sobre los otros por no ser como
uno es o dice ser. Jesús no
apedreo a la adultera y en la
parabola del hijo pródigo (mejor pudiera llamarse del Buen Padre) el hijo que vuelve después de despilfarrar los bienes del Padre, es acogido.

Católicas y ciudadanas, ojalá sepamos en estos tiempos desnortados concordar en lo suficiente y no enquitarnos en lo heredado y poco misericordioso.
Las discípulas que amaron a Jesús y con las que jesús mantuvo amistad y vida comunitaria, ¿eran mudas, relegadas a lavar los pies y ya está? ¿No hubo mujeres en los primeros pasos de la Iglesia como Juana que tenían un peso y responsabilidad específicos?.

Este tema no debiera ser tan crucial y actual, pero lo es.
La mujer todavía es para muchos
lugares de la vida espiritual, comunitaria, celebrativa y testimonial relegada a un segundo plano. En eso creo que nos alejamos de Jesús. ¿hubiera Jesús repudiado de una lesbiana por su condición sexuada?. Entonces, que pasa hoy en la Curia, en los Arzobispados, en las feligresias, en las comunidades católicas?.

¿Es lo mismo un feto de 6 semanas que uno de 40? ¿Se analiza este aspecto ú otros médica o doctrinariamente? Acabo con una duda bioética, no de culto o creencia. La vida hay que respetarla y la del más debil, por supuesto. Pero habrá que ponerse de acuerdo, antes de valorar y juzgar, cuando hablamos de personas y cuando de proyecto de persona, cuando de niño y cuando de aún-no-niño, etc.,

Yo no sé casi nada de nada, menos de bioética. Pero el sentido común me dice que igual que un biólogo no debería intentar convencerme de si Dios existe yo tampoco de que embrión, vida humana, persona, feto, sean lo mismo. Y desde el derecho jurídico de persona no será lo mismo que de embrión (personalidades potenciales, etc.,). Y quien determina eso, un biólogo, un jurista, un teólogo, un electricista, un campesino, ...

Siempre corremos el riesgo los neófitos, las madres, de la infrainformación o de la supravaloración). Y yo creo, que a riesgo de equivocarse, cada madre actue bajo su conciencia, bajo su libertad que es ejercicio de responsabilidad y madurez psicológica suficiente. Porque si no les dan a las una categoria de subvida, de infrahumanidad.

Un abrazo,

Víktor